"La palabra, una vez escrita, vuela y no torna" - Quinto Horacio Flaco

miércoles, 3 de febrero de 2010

Faralá

Ayer me confundí. Escribí "2009" en vez de "2010". Detuve un momento la pluma y me puse a reflexionar.
No sé qué destacar del año pasado. Fueron doce meses muy repletos de sorpresas y de tribulaciones. No puedo negar que sufrí y que disfruté del sufrimiento. Cuánto me divertí. Ocurrió todo; no sabría mencionar una sola cosa que no haya estado presente en el 2009. Hubo amor, quizá demasiado; hubo premios literarios, escenas surrealistas, viajes, pecados y muchas palabras mensajeras. Hubo decisiones, mentiras y cuestiones por resolver. Hubo respuestas sin preguntas.
Desfilaron ante mí quién sabe cuántos personajes. Y todos fueron peregrinos. Hasta yo me fui. Las piezas se desencajaron para después rearmarse en un modo distinto.
Quizá no me equivoqué.
Tal vez una parte de mí se aferra al 2009.
Fue un año importante. Me mostró que la realidad está determina y que la libertad es un espejismo que siempre está a punto de fundirse. Que el caos fluye y nos arrastra a todos consigo, para bien y para mal.
Hoy más que nunca siento que nadie me conoce y que yo solo me basto.
Me enorgullezco de nunca regalar más que una sonrisa, y de mantenerme aquí, al pie de guerra. Con mis libros a un lado y la palabra haciéndome cosquillas en la boca.
Miro al 2010 con expectación. Me da miedo el torbellino imparable que se ha vuelto la vida para mí. Hay algo de que asombrarse en cada recodo. Me pregunto qué será esta vez...
Me alegra esta emoción constante. Me pone muy feliz.
Los propósitos de Año Nuevo han ido quebrándose uno a uno, y es apenas febrero.
Me juré engordar y ya adelgacé. La báscula marcó los 62.
Me dije que este año cazaba a una novia y no la dejaba ir, y ya he dejado ir a algunas.
Juré a Dios y a Diego que abriría pista si Shakira me lo mandaba [jajaja], y cuando llegó la hora me acobardé. Peor tantito: salía de un antro en Polanco cuando me asaltaron.
Dos hombres con una navaja. Les di mi celular. Y estaba por darles la cartera cuando me arrepentí. Protesté. Les dije que me iba a quedar con mis credenciales, que gustoso les daba el dinero, pero que no me iban a quitar las tarjetas. "Te voy a picar, te voy a picar", me repetía uno. Yo no sé de dónde saqué los bríos para sacudir la cabeza y empezar a sacar las credenciales.
Los hombres estaban impacientes. No se esperaron a que les entregara la cartera; antes se echaron a correr.
Yo me limpié el sudor de la frente.
Sólo fue un celular.
Pero el sinsabor me duró varios días. No abrí pista y me arrebetaron el teléfono. Dos derrotas reunidas en una misma noche.
Maldito determismo y maldita libertad, que me llevan a escenarios tan terribles como cómicos.
Estoy casi seguro, sin embargo, que en el próximo año me volveré a equivocar, escribiendo "2010" en vez de "2011". Y que otra vez me echaré a reír. De mí y de las circunstancias.

martes, 29 de diciembre de 2009

jueves, 10 de diciembre de 2009

London's Underground

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martes, 24 de noviembre de 2009

Nueve y diez

Caminaron uno al lado del otro. Sin prisas. Era un día soleado, y apenas había vestigios de la neblina del lunes por las calles de Roma. Santa Maria in Trastevere, más callada que nunca, los vio pasar delante de ella, y luego se perdieron por un callejón sin nombre.

En Villa Farnesina se besaron, porque no sabían qué más hacer. Porque ninguno de los dos encontraba la palabra justa.

Se sentaron allí, en El Vaticano, viendo a la cúpula. Y allí, ante la cúpula, se tomaron una foto. Para recordarse, para no perderse. Para ser siempre, siempre, dos extraños en un país extraño.

Continuaron, uno al lado del otro, hasta Parco Borghese. Se detuvieron en medio del parque, entre gente que corría, entre parejas que se fundían, entre hierba, troncos, suspiros. Se besaron. Porque no sabían qué más hacer. Y al beso le siguió un abrazo y al abrazo otro beso. Porque no sabían qué más hacer.

Visitaron Villa Giulia, caminando juntos y en silencio. Después tomaron un autobús.

En el restaurante de comida mexicana él le habló de la vida. A ella se le nubló la mirada; estaba a punto de llorar. Él prosiguió, y pensó por un momento que no sería capaz de contener las lágrimas.

Ella compró un helado. Él no quiso probar.

Ya había anochecido, y en vez de sol había una luna pequeña, y bajo la luna un Colosseo que estaba más callado que nunca.

Se besaron. Fueron de Stazione Termini a Piazza Repubblica, y se besaron. Estudiaron la fuente sin decirse nada. Y cuando llegó la hora de despedirse, sólo atinaron a agradecerse, a jurarse cosas, a mentirse. Prometieron verse pronto.

Muy pronto.

En sólo cuatro meses.

No sabían qué más hacer.

Cuando llegó la hora de partir, se volvieron a besar. Pero esta vez era el último beso; de modo que sus labios permanecieron unidos más tiempo de lo normal. Más tiempo del conveniente.

Y se despegaron, y de inmediato dieron la media vuelta. Ella se dirigió al tren; él, a Piazza Cinquecento. Ninguno quería volver la vista atrás... Pero ninguno aguantó la tentación. Ambos se voltearon y se observaron de lejos. Alzaron la mano, la ondearon. Finalmente aquél era el adiós. Habían lanzado el primer "ciao" algunos meses atrás. Y éste era el adiós.

Ella se subió a un tren que estaba por partir y él a un autobús que lo llevaría de regreso a una existencia que ya no podía ser suya.

Llevaba una libreta en blanco en la mano izquierda.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Patatrac

Ayer, en Orvieto, vi a una señora que paseaba a un pato. El pato iba atado a una correa y caminaba nervioso al lado de la mujer. A veces la rebasaba, a veces se detenía y obligaba a la señora a esperarlo. Graznó cuando pasé junto a él y mis zapatos se hundieron en la hoja seca. Hubo un crac crac, tanto del pato como de la broza.
Crac.
Crac.
Me dolió la cabeza el resto de la tarde.

lunes, 26 de octubre de 2009

Barnum


"Socrates was a Greek philosopher who went around giving people good advice.
They poisoned him."
-Anonymous (?)

viernes, 2 de octubre de 2009

Creo

Creo en el orden del caos. Pero creo que es un orden que se escapa de nuestro control.

Creo en el poder rejuvencedor de los rompecabezas.

Creo en el dadaísmo.

Creo que los alienígenas que hoy vemos son los japoneses del futuro.

Creo en la veracidad de la pintura impresionista.

Creo en Luis Miguel y en Fernández.

Creo que no deberían existir los trenes nocturnos.

Creo que tengo un pasado musulmán.

Creo que estoy enamorado.

Creo que las cosas irán muy bien, por eso de que el caos tiene un orden.

Creo que preguntando se llega a Roma.

Creo, en definitiva, en dios.